Potatolandia

sábado, noviembre 24, 2007

Campaña de samurais (misc.)


Esta es una entrada ajena a la campaña, entre sesiones. Escrita únicamente para relatar lo ocurrido tras la entrada anterior.

- En el paraíso -

El ardor de en mis costillas se ha desvanecido hace ya mucho, no se cuando exactamente, pero en este mismo instante, me encuentro incomódamente bien, feliz. Supongo que esto es la muerte.

Abro los ojos y veo que permanezco en el campo de batalla donde aun moran miles de soldados silenciosos, inmóviles, como si esperasen alguna cosa. ¿ También han muerto ?. Es evidente que algunos si, pero otros no muestran heridas. Aunque ciertamente su mirada dista mucho de ser cuerda y serena. Abro mi kimono para examinar mi herida. Mi piel esta pálida y quebradiza, la sangre negra y seca no puede conetener las supuraciones de pus, desprendiendo un sutil hedor embriagador. No tiene mal aspecto. Levanto la miada hacia el horizonte, hacia el lejano sur. De allí proviene una mortecina luz que me llena de vigor, fuerzas y deseos de matar.

¿ Esto es la muerte ? ... es preciosa.

- El día después -

Me despierto repentinamente, cuando empiezo a ahogarme por vómito que surge de mi boca sin previo aviso. Me tumbo de costado tosiendo con fuerza. Intento recuperar el aliento mientras veo impotente como lo estoy dejando todo perdido.
Siento los pies helados y mis huesos crujen como las hojas secas en otoño. Un nauseabundo olor de sangre y putrefacción invade mis sentidos y se suma al punzante dolor de cabeza. Solo superado por el resquemor que proviene de mis costillas. Al Intento taparme la boca pero no puedo evitar vomitar por segunda vez ... y después de una tercera me sigo sacudiendo con arcadas, a pesar de que mi estomago ya esta vacío.
No hay duda, casi lamento encontrarme en el mundo real.

A mi alrededor hay mas heridos de diversa consideración. Algunos moribundos no llegaran para ver el final del día. Otros mas desafortunados han sobrevivido y les tocará vivir los oscuros días que se avecinan.
Vuelvo a tumbarme fijando la mirada en el techo. Docenas de preguntas me asaltan a pesar de que mi dolorida cabeza clama un poco piedad. No tengo la menor duda de que Soshuro Tsuyoshi esta vivo y presiento que Soshuro Tabito también. Pero sufro por lo que puede haber pasado con Akane Soshi o Doji Naghori. O mi leal sirviente, de quien aun no se nada.

Sumida en mis pensamientos, dejo pasar el tiempo.

- Los días pasan -

No ha pasado una sola noche tranquila, sin que las voces me dejen descanasar. Me asedian con sus horribles peticiones. Una noche tras otra, incluso durante el dís. Su persistencia me da incluso mas miedo que sus palabras. ¿ Hasta cuando seré capaz de ignorarlos ?. A pesar de eso, he tomado una decisión. Solo necesito que Akodo Naizen acepte colaborar conmigo.

Cuando ya puedo andar por mi cuenta, me reúno con él. Su semblante es reconfortante. Pues en momentos como estos, parece mas lleno de energía y vitalidad que nunca. Cuan mayor son las adversidades, mas se crece. Y eso no solo lo percibo yo. Muchos otros samurais se mantienen cerca de Naizen, quien empieza a mostrarse como el gran líder que ya me predestinaron que sería.

...

El rostro del Akodo se tuerce por un instante. Supongo que en una situación normal ya me habría abofeteado solo por insinuar mis intenciones. Pero ahora, a pesar del desprecio que le produce, esta dudando.
Se lo he dicho sin muchos rodeos, como se que le gusta hablar. Soshi Nodoko debe morir.
En su lugar, nacería un joven sirviente del emergente Akodo Naizen. Quizá un joven que ha quedado huérfano de mentor y que es acogido por el indómito león. Sea como sea, no va a ser fácil convencer al honorable Akodo para que me asista en este cambio de identidad.