Potatolandia

miércoles, junio 27, 2007

Campaña de samurais (#16ª parte)

Nueva sesión, nueva entrada. En esta última apostamos con algunos jugadores que tipo de problemas hallaríamos en tierras escorpión. Ninguno acertó.

(... continuación sesión y entrada anterior ...)

- Día 16, mes del dragón, Año 1165 -


Mientras el kobune que nos ha llevado hasta Kyuden Hida empieza a maniobrar para amarrar en el puerto, mi mente comieza a divagar.

Los últimos días han resultado muy tranquilos. Una vez cruzado el paso, llegamos a Pokau y seguidamente a Ryoko Owari Toshi. Fuimos recibidos sin fiestas pero con cordialidad, y lo mas importante, sin contratiempos. Poca gente sabe hace a un lado los prejuicios y disfrutar de la hospitalidad escorpión. Me hubiese gustado planificar mejor mi llegada y poder acordar así algunos encuentros. Hace meses que no veo a Akane-chan ... y de momento seguirá siendo así.
Aprobechamos la tarde para reponer fuerzas y equipo. Por la mañana siguiente partimos sin mucha demora bajando por el Rio del Oro. Aun recuerdo el encuentro con Shoshuro Tsuyoshi. Tod un cortesano, se me presentó muy educadamente en el puerto y me solicitó una audiencia. Obviamente no había motivo por faltar a su trato y estaré encantada de reencontrarme con él en cuando pueda volver.
El resto del descenso por el caudaloso río fue un apacible transito entre mis prácticas del abanico, algunas gratificantes charlas con Akodo y horas perdidas mirando mi hogar perderse lentamente en la distancia.

En cuando el capitán del kobune amarra la pasarela, ya tenemos nuestro equipo listo para desembarcar. Pero incluso antes de poner el primer pie en tierra firme, un emisario de la Kuni Tansho ya reclama discretamente nuestra atención. Parece que los ecos de nuestro viaje van por delante de nosotros y la Daimyo Kuni tiene preguntas que hacer. Ante tales personalidades una "petición" se convierte prácticamente en una "orden".
Kuni Tansho nos recibe en el castillo Hida. Mas bien una inexpugnable fortaleza, capaz de hacer sombra a las abrumadoras construcciones León. En una austera pero cómoda estancia esperamos a la Kuni. Quien nos asalta con preguntas sin preámbulos en cuando aparece por el umbral de la puerta. No oculta su recelo al ver que tres samurais tienen tanto interés en cruzar la muralla Kayu. Ahorramos detalles pero le contamos un extenso resumen desde que todo empezó en el Castillo de las 3 torres. El rosto de Kuni Tansho se lee como un libro abierto, mostrando sin complejos su creciente preocupación a medida que progresa nuestra narración. Cuando llegamos al final, la Daimyo se levanta sin das explicaciones y se marcha. Odio cuando hacen esto.

La espera se hace larga y varias miradas furtivas se cruzan entre nosotros. Como preguntando - ¿ y ahora que ? -.

Tras un par de horas, los decididos pasos de la Kuni se dejan oír instantes antes de que aparezca en la habitación. Seguida de cerca por Hida Koun y Omen. Tres personalidades de alto rango !. En el primer momento me parece una exceso. Hasta que me recuerdo a mi misma que sin corazón es la piedra angular de todo eso. En este punto repetimos, mas escuetamente si cabe, nuestra historia. Pero con un inesperado anexo añadido por Akodo Naizen, quien pudo oír parte de la conversación de los maho-tsukai del Paso Seikitsu.
Tras una breve deliveración, aceptan nuestro camino. Con la irechazable condición de que Hiruma Todori nos guíe hasta Kyuden Hiruma.

Hiruma Todori es un coruplento samurai cangrejo, incluso para ser cangrejo. Sin embargo a lo largo del camino desde Kyuden Hida hasta la muralla Kayu, se miestra bastante hablador. Incluso Akodo Naizen acepta breves conversaciones distendidas y sin mas razón que la de charlar. Ese tipo de charlas que semana atrás había rechazado con un amargo gesto de su cara. Hubiese disfrutado de la travesía si no fuera por el macabro paisaje oscuro, roído y consumido con el que están condenados a vivir los cangrejos. Sin lugar a dudas por culpa de su proximidad con las tierras sombrias.
Entre anécdotas y curiosidades que nos va relatando nuestro guía, podemos enterarnos de su evidente preocupación. Parece ser que estos ultimos dias, las tierras sombrias están "agitadas", tal y como él describe. Muchos exploradores no han vuelto de sus patrullas y el mismo sensei Masagaro ha salido para atisbar con sus propios ojos lo que pasa.

Cuando dejamos atrás el camino y los caballos, lamento haber cargado demasiado mi equipaje. El último tramo hacia la muralla lo hacemos en silencio. En parte por respeto a lo que tenemos delante. La mas gran construcción hecha jamas por el hombre se alza frente nosotros. Esta no es una muralla como las de un castillos vistos hasta ahora. Mas bien son fortalezas situadas una junto la otra. Dibujando una serpenteante linea que se pierde hasta ambos extremos del horizonte. Unidas todas ellas entre si, por montañas del mas duro y oscuro granito que he visto. Cornonando la muralla, el mayor desplegamiento de samurais cangrejos que se puede hallar en todo rokugan. Mires donde mires hay patrullas con los ojos fijos al otro lado. Oteando sin descanso el horizonte.

Arriba somos recibidos en silencio y miradas furtivas. No están acostumbrados a visitas. Todori, descuelga una cuerda y con un rudo gesto de cabeza, nos cede el paso. A fin de cuentas es lógico. No hay puertas en esta muralla. Pues nada debe pasar por ella. Sin vacilar empieza a bajar la primera. Cuando mis pies se posan en las oscuras arenas, algo recorre mi cuerpo de forma inquietante. Propiamente dicho, es la primera vez que salgo de Rokugan. Como si hubiese cruzado mil millas, el aire es áspero y me seca los ojos. El polvo se infiltra en mis pulmones y por unos instantes creo que no podré respirar mucho tiempo. Los demás compañeros bajan tras de mi, sacándome de mis ensoñaciones.

El resto del camino hasta Kyuden Hiruma sigue en silencio, solo roto por esporádicos consejos de nuestro guía y las breves salutaciones con reducidas patrullas que hallamos.

No se cuanto hemos caminado. Me falta el aire y mi equipaje pesa como si transportara plomo. Esta cielo se esta apagando, pero aquí incluso el día es oscuro. Sin lugar a dudas todo aquí esta corrompido. Solo la visión de Kyuden Hiruma resulta agradable a la vista, pese su aspecto áspero y marchito por el permanente asedio al que esta sometido. Una vez cruzamos las puertas, el peso se hace mas ligero y puedo llenar mis pulmones con una profunda bocanada de aire. miro a mi alrededor para comprobar que reina el silencio. Poca gente habla, solo actúa. Como si cada persona representara un papel que ya se conoce a dedillo y no fuera necesario acordar nada. Simplemente cada persona hace lo que tiene que hacer.

Por la noche podemos cenar con algunas de las personalidades del castillo. Una cena ruda y sin complementos. Solo Kakita Kakashi, quien se presenta con su mas deslumbrante kimono de corte, rompe la monotonia. A pesar de eso, mientras comemos la gente resulta estar un poco mas animada. Como si disfrutasen de una tregua para desahogarse charlando y hablando sin temor. No dudo en disfrutar de las conversaciones y comprobar nuevamente que Naizen hace in digno intento para abrirse hacia los demás. Momento que aprovecho para hablar amistosamente con él todo lo que no he podido hablar hasta ahora.
Una inesperada actividad y ruidos de fondos irrumpen en la cena, sometiéndola repentinamente. Todos nos quedamos expectantes para saber que esta pasando. Instantes después aparecen algunos samurais cangrejos llevando en brazos al maltrecho Hiruma Rikiya que presenta un aspecto deplorable. Todos se sobresaltan pero nadie dice nada. Rikiya reune sus ultimas fuerzas para tomar la palabra. - Masagaro ha caído. Un gran ejercito se esta dirigiendo ahora mismo hacia aquí. -. Infinidad de voces simultáneas estallan repentinamente en la sala. - ¿ Que vamos a hacer ? - exclaman preocupados. - ¡¡ Es imposible !! - niegan algunos. Rikiya se libra de los samurais que le mantenían en pie y tambaleándose por sus heridas, se acerca a Hiruma Todori mientras le ofrece el daisho del sensei abatido. Nuevamente no hay palabras. Todos saben que significa eso y se quedan a la espera de que Hiruma Todori empiece a dar ordenes.

- Día ?¿?, mes del dragón, Año 1165 -

Anoche, Hiruma Todori tardó unos instantes en reaccionar. Pero cuando lo hizo, organizó las defensas con decisión y aplomo dignos de su nuevo rango. Ni el león, ni el grulla, ni siquiera yo, queríamos quedarnos al margen y nos asignaron puestos en la defensa del castillo. Los dos samurais lucharían hombro con hombro en las murallas. A mi me designaron a un especializado grupo de cangrejos dedicados al sabotaje.

Con el frenesí de la preparación, no puede despedirme de mis compañeros con mas que un fuerte abrazo antes de irnos cada uno a nuestras habitaciones. Posiblemente no fue muy decoroso pero si muy sentido. Algo que aquí y en esta situación, pesaba mas que las apariencias. Por la noche pensé que no podría dormirme nunca. Agotada, cansada y orgullosamente sin estar asustada, cai rendida.

Cuando me vienen a despertar por la mañana me siento completamente recuperada. Me visto mientras evaluo si la armadura sera un estorbo o una ayuda, para dejarla finalmente encima la cama. Dejo atrás mi habitación aun en la ausencia de la luz del sol. Unicamente vistiendo ropas ligeras, mi Yumi, algunas flechas y una cajita de primeros auxilios que espero no tener que usar. En cuando me reúno con el grupo de saboteadores en una profunda sala bajo el castillo, algunas miradas curiosas se dirigen hacia mi. Aun no ha amanecido y al igual que mis compañeros, muchos de los soldados aun duermen. Me aparejan con Hiruma Shotoku, un explorador cangrejo. Tras un breve intercambio de salutaciones, nos empiezan ha asignar tareas y rutas que no logro comprender. Repartidos los objetivos, Shotoku inicia la marcha para conducirme por un complejo entramado de grutas subterráneas excavadas bajo tierra. Bifurcación tras bifurcación, vamos separándonos de otros grupos. Siempre despidiéndose con un gruñido que no tardé en traducir como algo parecido a desear buena suerte. Todo ello para acabar arrastrándonos a oscuras por las entrañas de la tierra, a través de un túnel sin fin.

Con los brazos doloridos, me pregunto si seré capaz de tensar el arco. Hace varias horas que andamos a gatas y por encima de nuestras cabezas llega el temblor del ejercito enemigo desplazándose. Cuando finalmente veo la tenue luz del final del túnel, una confusa mezcla entre alegría y temor me invaden en lo mas profundo de mi ser. En ese momento, con la escasa luz exterior, Shotoku me hace una señal de "silencio absoluto". Algo innecesaria pues no pensaba hablar para nada.

Aparecemos en una grieta en el terreno. Aun sin ver el ejercito se puede oír perfectamente el clamor y el rugido de decenas de miles de pies arrastrándose. Arrastrándonos con el pecho pegado al suelo subimos la cima de un pequeño túmulo donde alcanzamos a ver la grandeza del enemigo. Miles y miles de engendros. Desde esqueletos a portadores de la sangre inyectados y consumidos por el odio. Pasando por monstruos, trolls, goblins y todo tipo de grotescas criaturas que hasta el día de hoy solo había visto en abstractos dibujos. Unos golpecitos del Hiruma reclaman mi atención. He habla inmediatamente en un lenguaje de signos que no comprendo. Pero advierto sus intenciones sin problemas, cuando aseñala a la distancia un grupo 3 shugenjas invocando algún tipo de ritual. Como serpientes seguimos pegados al suelo acercándonos a nuestras presas. Cuando estoy a una distancia correcta me preparo para descargar mis flechas mientras el explorador cangrejo se acerca a combate cuerpo a cuerpo. Es muy habilidoso. Consigue situarse a menos de 2 metros de ellos sin ser visto. De reojo me mira. Le miro. Asiento con la cabeza de forma tan imperceptible que por un momento creo que no lo ha visto. Me equivoco. Sonríe y se levanta en un estallido de furia silenciosa. Estallando su Dai tushi en la cabeza de uno de ellos a la par que la punta de mi flecha aparece a través de la cara del segundo maho-tsukai. El tercero reacciona tarde pero mi disparo fallido le da tiempo a reanimar uno de sus compañeros recien caídos. Segundos después. Yacen los tres cuerpos inmóviles en el suelo y sin romper el silencio nos arrastramos nuevamente en busca de una cobertura.
Mientras el cangrejo busca su nueva presa, percibo un extraño movimiento en mitad del ejercito de no-muertos. Algo que no supe que era hasta que Hiruma Shotoku lo murmuró como maldiciendo. - Un Kuruma Date -. Es como una especie de gargantuesco caparazón de tortuga viviente del que penden vísceras y órganos pestilentes por todos los costados. Flotando en el aire gracias a corruptos kamis, era una perfecta cobertura para defender el ariete que se desplazaba sigilosamente bajo su sombra.
En ese momento recuerdo que me han dado unas pocas puntas de flecha de jade. No espero ninguna señal para intercambiar las puntas de algunas flechas. Es algo que he hecho cientos de veces. Pero en esta ocasión, cada segundo era un instante perdido que alejaba mi objetivo. Justo en cuando tengo varias flechas armadas me incorporo con una rodilla firmemente plantada al suelo. El Kuruma Date esta a gran distancia. A tales distancias he acertado cientos de veces, pero he fallado otras tantas. Y ahora no puedo permitirme fallar. Apuntando al cielo cierro los ojos para escuchar el susurro del aire. Modifico ligeramente el angulo y tenso un poco mas la cuerda antes de soltar el proyectil.

(... continuará en la siguiente sesión ...)