Potatolandia

sábado, septiembre 08, 2007

Campaña de samurais (21ª parte)


(... continuación de la entrada anterior ...)

- Día de la Lluvia -

En lo mas hondo de mi ser, algo se estremece. Repentinamente lo veo todo la oscuridad con toda claridad. Es tan reveladoramente sencilla que me aturde y me atrapa. No puedo apartar mis ojos pavorosos del espectáculo que se muestra ante mi.

El ejercito león ejecuta sin vacilación y con precisión mecánica las ordenes de su general. Pero ninguno de ellos es consciente de que este, ya ha caído bajo la influencia del daisho. Un daisho que ahora juraría ... ya apareció otro similar en otra ocasión ... y causo el resultado es el mismo que ahora se muestra ante mi. Mis dudas se disipan y me atrevería a asegurar sin temor al error, que este es una de los daishos malditos de Iuchiban.

Doy media vuelta y no me sorprendo al ver que las amenazantes nubes que pude ver al salir de la ciudad, ya no son una mera mancha en el horizonte. Están cubriendo el cielo, engulliendo la tierra en la penumbra, oscura y hasta cierto punto vacía. Soshuro Tsuyoshi también mira observa el cielo y tras una nueva sonrisa, afianza su sombrero impermeable mientras observa la batalla que ya ha empezado.

Relampagos. Rojos como las entrañas de una bestia. Estallan entre las nubes oscuras, presagiando lo peor ... finalmente ... *ploc* ... algo golpea mi hombro. Solo una gota *ploc* ... otra. Bajo la vista ante la incapacidad de llorar. Sin embargo no necesito mirar al suelo para saber que pasa. No es agua lo que cae del cielo, es sangre. Cierro los ojos e intento rezar, pero no consigo hallar ninguna oración que me aporte ni un atisbo de paz.

El sonido de la lluvia incrementa hasta convertirse en el rugido perpetuo de la tempestad. Un rugido que roba el protagonismo a la batalla, que se detiene. No se oyen gritos, ni golpes ... no al menos durante unos instantes. Durante esos instantes que cualquier persona necesita para asimilar lo que esta ocurriendo antes de sucumbir al caos. De repente, mas de un cuarto de millón de samurais, explotan en gritos de confusión, miedo y terror. El suelo se tiñe de rojo, al igual que las armaduras y los rostros de hasta el último de los bushis. Leon? Unicornio ?, Que mas da. Todos están cubiertos por ese aroma embriagador y nauseabundo de la sangre, del maho.
Los samurais mas débiles de cuerpo y mente, son los primeros en sucumbir. Algunos caen presos de sus terrores internos y se desploman al suelo, llorando. Otros se ven invadidos por una ira sin control y arremeten contra quien se halle mas cercano. No importa quien sea, seguro que hay motivos de sobra para matarle. Otros, solamente gritan de dolor y caen inertes.

La batalla se reanuda, pero ya no es lo que era antes. Ahora solo se trata de decenas de miles de samurais matándose entre sí, perdidos en una espiral de violencia y desesperación.

¿ 15 minutos o solo han pasado 10 segundos? ... no lo se. El tiempo se ha detenido hacer rato. Como yo, no puede apartar la mirada de la muchedumbre enfurecida que aun pelea no muy lejos de mi. Un potente relámpago blanco. Fugaz y sin aviso, cae en mitad de la batalla. Su estrépito de luz me ilumina el rostro y por unos instantes también el espíritu. Gracias a ello, no lo veo con mis ojos, pero lo se con certeza absoluta, Akodo Naizen esta allí. Recuerdo que hace tiempo hice una promesa. En su lecho de muerte me pidió que cuidara de él y se lo prometí. Quizá aun estoy a tiempo de hacer alguna cosa buena, por la que merezca la pena seguir viviendo un día mas. Mis acompañantes ya no están aquí, no se cuando se han marchado ni me importa. Desciendo a toda velocidad la colina, con determinación me lanzo entre los frenéticos samurais. Afortunadamente tan enfrascados en matarse entre ellos mismos que ignoran por completo mi presencia.

Entre grupos de bushis alocados y procurando no tropezar con los cuerpos mutilados y moribundos, me abro paso en mitad de la muchedumbre. Hasta que por fin le veo. Esta allí !, Vivo !!. - ¡¡¡ NAIZEN !!!, TENEMOS QUE LARGARNOS DE AQUÍ !! - Jadeando aun por el trote llego junto él. No me ha visto. - Naizen, tenemos que largar ... - Su rostro se da la vuelta para mostrarme su versión mas desencajada por la rabia - ... debemos marcharnos, venga !!.
El pelo, su cara y bajando por su cuerpo, todo en él esta teñido de rojo. La profana sangre caída del cielo le esta empapando en cuerpo y alma. No puedo evitar sentir culpabilidad al verle ... desato mi sombrero para colocarselo y seguidamente me despojo de mi grueso kimono para cubrirle la espalda. No tardo en notar el ardor de la lluvia, que parece quemar sobre la piel somo si estuviera hirviendo. Mi liviano kimono de fina seda blanca se empapa en escasos segundos. Pero es un dolor que tiene su recompensa, Akodo Naizen reacciona y parece que me reconoce, aunque no se muestra muy contento de verme.
Empezamos a movernos y abrirnos paso apartando y matando a quien se interpone en nuestro camino. Él por delante y yo tras sus pasos, entre charcos de sangre y moribundos samurais. Levanto la cabeza en mitad de la muchedumbre para lograr identificar el objetivo del Akodo. A la distancia se puede ver un reducido grupo de bushis león, que en formación defensiva están aguantando las persistentes acometidas, de quienes minutos antes, eran sus compañeros.
Un profundo grito de poder estalla sin aviso por encima del clamor de la guerra. Por detrás nuestro el poseído general Akodo Tadenori, con su maldita katana en el aire, ordena un ataque directo y sin clemencia. De repente el caos se detiene. Docenas de millares de samurais enfurecidos dejan de pelear y se movilizan a nuestro alrededor en formaciones de ataque. Un espectáculo ya de por si grotesco, pero que se acentúa cuando los cuerpos mutilados y cadáveres que flotan en la sangre, también acuden diligentemente a la llamada de su general. Las siguientes ordenes no se hacen esperar y el grueso del ejercito inicia su avance hacia el ejercito unicornio. Que padece exactamente los mismos síntomas de la lluvia. Unos síntomas que no solo me están maltrechando mi el cuerpo, también puedo notar la la sangre intentando corromper hasta mi alma.

A pesar de esto, el camino no se hace mas tranquilo para nosotros. Samurais desperdigados y cuerpos que deberían yacer muertos, se siguen interponiendo a nuestro paso. Escasos metros nos separan ya del grupo que resiste estoicamente. Dos samurais y un par de ashigarus nos ven y se encaran a nosotros. Intento cruzar entre ellos pero las lanzas de los ashigarus cumplen su cometido a la perfección. Akodo Naizen, que ha mejorado de forma increíble sus habilidades marciales desde la ultima vez, descarga toda su furia contra los samurais. Por mi parte, no puedo usar el yumi a tan corta distancia, solo puedo limitarme a mantener los ashigaru a raya y desviar sus repetidos intentos para dañarme. Precisamente, aplicando los conocimientos que Naizen me enseño algunos meses atrás y a pesar del mareo que empiezo a notar en mi cabeza, se convierte en una tarea sencilla.
Finalmente, con la ayuda de Naizen, logro introducirme dentro el circulo de bushis león. Pudiendo asistirle desde aquí, acabamos rápidamente con los que nos impedían el paso.

Matsu Takenao es quien esta organizando esta diminuta bolsa de resistencia y junto con Akodo Naizen, intentan organizar a los supervivientes para llevarnos hacía Toshi sano Kanemochi Kaeru. Allí, bajo el amparo de la ciudad, la reserva de las fuerzas del ejercito léon, observa la resolución de la batalla sin dar crátido lo que ven sus ojos.

Esperad !! mirad alli ! - Grita uno de los bushis león. Siguiendo su dedo indice, podemos ver con claridad un pequeño grupo de doncellas de guerra unicornio. Que al igual que nosotros están siendo atacadas por su propia gente.
Algunos de los bushis insisten en volver, otros en acudir en su ayuda. Yo solo insisto en silencio porque alguien detenga eso. La sangre baja por mi rostro y me escuece en los ojos. Intento escupir, porque me dan arcadas por el sabor que noto en mi boca. Me froto la piel, que me parece arder bajo el rojizo de la sangre y me abrazo a mi misma intentando calentar mi alma helada.
Os esperamos aquí. Rapido ! - ¿ Como ? Levando la cabeza para ver que algunos samurais leones salen de la formación, y Akodo Naizen va con ellos. Sin darme tiempo para pensarlo, arranco a correr tras él.
Sin hacerse esperar, algunos poseídos samurais se fijan en nosotros. El primero de ellos cae con la punta de mi flecha asomando por detrás de su cabeza. Los demás se enzarzan en combate. De reojo puedo ver un ashigaru que se acerca con su lanza apuntando a mi. Solo tengo una oportunidad. Le encaro con una nueva flecha cargada y lista. Entrecierro mis ojos y ... demasiado tarde. Consigo evitar una herida grave lanzándome a un costado, pero la punta de su lanza desgarra con facilidad la seda del kimono y mi piel, causandome una profunda herida en el costado. Su segunda acometida puedo desviarla sin problemas y antes de su tercera, uno de los bushis samurais le corta una pierna al desafortunado. No puedo dar ni las gracias que siento un penetrante dolor en mi costado. Mi propia sangre y la lluvia se mezclan a placer. Presiono la herida para protegerla, pero un cosquilleo se esta introduciendo dentro de mi. Como si se tratara de un gusano abriéndose paso a mordiscos por mi cuerpo. No hay tiempo para lamentarse, a no ser que quiera quedarme atrás. Mas samurais fuera de sus casillas van cayendo a nuestro paso antes no conseguimos alcanzar lo poco que queda de las doncellas de guerra. Naizen les llama desde la distancia pero no consigo ver que pasa.
Siento la imperiosa necesidad de vomitar y la herida me duele hasta umbrales de dolor que desconocía que pudieran existir. Mi propia carne alrededor de la herida, parece moverse por voluntad propia, como si estuviera infestada por los gusanos que me consumen lentamente. Una fuerte sacudida en mi cabeza me hace caer de rodillas. La sangre ha logrado abrirse paso hasta mi cabeza, donde se da un festín con mi mente. Otra sacudida y docenas de recuerdos aparecen repentinamente a primer plano. Mis fracasos ... mis fallos ... todas estas veces que lastimé gente a quien quería ... esta lluvia de la que me siento responsable. Levanto mis ojos pero no veo mas que cuerpos borrosos a mi alrededor, intento gritar ... intento no sucumbir. No puedo fallar ahora. Hoy voy a luchar hasta el final ! Se lo prometí ! ¡¡ ME LO PROMETÍ A MI MISMA !!

Es inútil y fracaso ... otra vez.

(... continuaré despues ...)