Potatolandia

domingo, junio 10, 2007

Campaña de samurais (#15ª parte)

Aquí empieza una nueva sesión. Ha sido una sesión breve pero intensa. Además, el jugador de Kakita Kakashi se une a los blogs. A partir de aquí podéis ver la tercera visión de la misma historia en Yo no soy gafe.

(... continuación sesión y entrada anterior ...)

Las yemas de mis dedos aun estaban calientes por el roce de la cuerda, el silbido de la flecha resonaba en mi cabeza y respiraba tan profundamente profundamente que mis pechos presos bajo la ropa luchaban por salir. Sin embargo, estaba tranquila. Nuevamente había hallado un instante de absoluta paz interior gracias a las enseñanzas del Kyujutsu. Sonreí para mis adentros, satisfecha por mi habilidad. Gesto que rápidamente cambió a una discreta mueca de vergüenza ante tal exceso de vanidad por mi parte.

En la pared del fondo de la sala, oculto tras un enorme tapiz del que hasta ese momento no me había ni percatado, el camino continuaba escarbando en las entrañas de la tierra. Continuamos ahora apiñados alrededor de la shugenja Kuni, que sostenía una antorcha en sus manos.
Tas unas largas escaleras se abrió ante nuestros ojos una abrumadora cavidad excavada en la roca viva. La grandeza de la sala se tragaba la débil luz de nuestra antorcha, que se desvanecía en la nada antes de mostrarnos los confines de la habitación. Pero no fue la oscuridad ni el frío lo que me helaron el corazón. A escasos pasos de nosotros, iluminados por la danzante llama que jugateaba traviesa con las sombras, había filas y filas de cadáveres de pie hasta mas allá de la negrura de la profundidad.
En un Deja vú, todo lo que ves es exactamente igual a tus recuerdos. Precisamente por eso se reconocen. Pero este no era el caso. La sala ... los cadáveres aguardando ... el frio entrando por mi garganta para alojarse en mi pecho ... todo era igual pero distinto ... mis getas, el elegante Kakita, el orgulloso león, el tacto de la cuerda en mis dedos, la robusta kuni ... esos eran elementos nuevos. No era ningun deja vú. Anoche, estuve aquí y morí aquí.

Un corte seco seguido del sonido de un cuerpo cayendo inerte. Otro corte ... otro cuerpo. Naizen ha empezadó a decapitar uno a uno los cuerpos estáticos, que aguardan su turno sin reaccionar. Me aferré inútilmente a la sensación de paz que me invadía minutos antes. Como si intentara atrapar el escurridizo humo con mis manos caigo inexorablemente en un oscuro vació de donde proviene una voz. Una voz que no oigo, pero que me llama. Volví repentinamente en si, cuando me descubro dando un paso al frente. Empecé a gritar con toda mis fuerzas pero nadie oía las palabras que no salían de mi boca. Haciendo acopio del valor que me quedaba, conseguí dar media vuelta hasta salir de la habitación, para sentarme en las escaleras. Sola, temblorosa bajo la intimidad de la oscuridad hundo mi cara sobre las rodillas y me tapo los oídos para silenciar esa voz que retumba en mi cabeza. ... ¡¡ CÁLLATE !! ... ¡¡ DÉJAME EN PAZ !!.

- Yu. El valor heroico - Me burlo de mi misma imaginando el reproche del honorable león Akodo Naizen. - Menuda vergüenza para los samurais. -

Un corte ... otro corte ... un cuerpo desplomándose en el suelo. Desconozco cuanto rato estuve acurrucada como una rata asustadiza. La voz seguía en mi cabeza. Pero ya no le pedí que se callase. Se lo ordené y cesó. Cuando regresé con los demás, creo que ninguno de ellos se percató de mi ausencia. Naizen estaba jadeando por el esfuerzo de haber acabado con docenas de cadáveres, pero aun quedaban miles esperando su turno. No sin resignación, desistió en su empeño de decapitarlos a todos. Debíamos seguir adelante pasando en medio de esos fríos cuerpos. Mi memoria empezó a jugar conmigo, repitiéndome el sueño de mi muerte una y otra vez.
Cuando dejamos esa sala atrás, seguimos con el descenso nuevamente por unas tenebrosas escaleras que dieron paso finalmente a una gran sala alargada. En el extremo opuesto, coronando una plataforma circular a mas de 15 m. del suelo. Pudimos divisar a los tres curiosos personajes que vimos por primera vez en el templo; El viejo anciano con las cuencas de los ojos vacías, su joven acompañante del vestido blanco y el monje sin manos. Los tres interrumpieron lo que fuera que estuvieran haciendo, pero sin la menor muestra de sorpresa. El anciano nos invitó amablemente a acercarnos. Subiendo por una estrecha escalera que ascendía hacia su altura, pudimos ver que los rostros del viejo y el monje, estaban consumidos indudablemente por el maho. Misteriosamente la joven muchacha seguía gozando aun de todo su encanto natural.

- ¿ Alguno de vosotros tiene el valor suficiente para ver lo que le depara el futuro ? -

Las inaudibles palabras del anciano, que se transmitían por boca de la joven, nos chocaron a todos. Entre nosotros hubo fugaces miradas y rápidamente el samuari león rehuyó la oferta, seguido por Kakita Kakashi. Inmediatamente vi como los ausentes ojos del viejo se posaban sobre mi, esperando mi respuesta. Puedo numerar mil razones para negarme, pero en aquel instante no se me ocurrió ninguna que pesara mas que la curiosidad. No era una estúpida curiosidad morbosa como cuando cuchicheábamos rumores entre las chicas de la escuela o espiábamos a los chicos en los baños. Era algo que trascendía mas allá. Sabia que no me creería nada de lo que pudiera mostrarme ese corrupto engendro, pero necesitaba saber que podía mostrarme. Es la maldición de mi clan. Necesitamos saber a pesar de los riesgos. Levanté la mirada desafiándole, y acepté.

Tras un breve y macabro ritual de la joven, un gran cuenco de su espalda lleno de un extraño líquido metálico, se tiñió de rojo sangre y los confusos reflejos se transformaron en una imagen nítida. Me puede ver atada y escoltada por samurais de mi clan. Andábamos por un bosque que no tardé en reconocer. El bosque de los traidores. Donde siguiendo el ritual que se aplica a todos los escorpiones que traicionan a su gente, vi como era sentenciada y ejecutada. Para dejar finalmente mi cuerpo a merced de la putrefacción como escarmiento a otros samurais. Levanté la mirada hacia el viejo con una sonrisa dibujada en la cara. ¿ Que esperabas lograr con eso ? ¡ Bastardo Maho-tsukay !.

Inmediatamente después, el monje sin manos, se arrodillo al suelo mientras los espasmos empezaban a tomar el control de su cuerpo. Sus músculos se hincharon desmesuradamente. Las bendas que cubrían los muñones donde debería haber sus manos, estallaron por los aires cuando aparecieron de la nada una enormes zarpas esqueléticas. Los bushis se prepararon para el combate. Pero cuando eso aun era solo un pensamiento, el monje se incorporó y a gran velocidad de lanzó hacia Naizen, quien aun no había tenido tiempo de cerrar la defensa. No le golpeó. Simplemente posó la palma de la mano en su pecho. El Akodo salió impulsado hacia atrás como si le hubiese arrollado un buey de 800 quilos. Mi grito ahogado resonó en la sala mientras extendía la mano hacia él. Era inútil. El león estaba volando a 20 metros por encima del vacío. Naizen giró bruscamente sus hombros consiguió recuperar el equilibrio en el aire para caer de pie con un estrepitoso golpe. A la par, yo bajaba los escalones de cuatro en cuatro. Cuando salté los últimos siete escalones pude oír los murmuros de la shugenja a mis espaldas, seguidos inmediatamente de un potente flash verdoso que iluminó por unos segundos la magnánime habitación al completo. Cuando Akodo Naizen se incorporó de su caída me tranquilicé. Ambos levantamos la vista hacia la parte superior de la plataforma cuando un agudo grito sobrenatural invadió hasta el último rincón, pero no pudimos ver con claridad. Sin embargo la parte superior del torso del joven monje cayo no muy lejos de aquí a la vez que un relámpago emergía de los dedos de la Kuni para dar paso a un eterno silenció.
El grulla y la cangrejo bajaron apresuradamente las escaleras. Tras escudriñar sus rostros se pude leer claramente el respeto de quien se encuentra ante un rival a temer. Todos permanecimos en silenció. Entrecerré los ojos y agudicé mis oídos. Aislé todos los sonidos que llegaban a mi hasta que identifique una respiración ... ¿ la muchacha ?. Fruncí el ceño intentando concentrarme cuando la estridente voz del grulla irrumpió en el silencio. - Callate ! - Dije. Pero no conseguí volver a escucharla. No al menos hasta que fue tarde. Cuando cayo detrás de mi no tuve tiempo de girarme antes de que una aberración de 3 metros arrancara de cuajo el brazo de nuestra shugenja. En cuando mis ojos lograron visualizarla una de sus zarpas ya me había alcanzado en el muslo izquierdo. Fue todo tan rápido que no tuve tiempo de sentir dolor hasta que aterricé desorientada al suelo tras de volar unos metros.
En este punto mis recuerdos son vagos. Intenté incorporarme. Solo para notar rápidamente que la pierna me fallaba y la sangre empezaba a brotar empapándome la ropa. Aturdida por el golpe busqué a mi alrededor sin saber que hacer hasta que el bushi grulla colocó mi brazo por encima sus hombros y ayudándome a mantenerme de pie me arrastro hacia fuera. Akodo Naizen cargo con la Kuni y no había rastro de la muchacha, o lo que fuese en lo que se había convertido.

Deshicimos nuestro camino sin dejar de oír por encima de nuestras espaldas el gorgoteo de ese monstruo. Que nos intentó atacar un par de veces, apareciendo en todo momento el infalible Akodo para interceptar sus golpes.
Cuando llegamos finalmente en la sala donde habíamos combatido con el primero de los monjes, Kakita Kakashi aminoró el paso hasta detenerse. Primero lo miré buscando alguna horrible herida que no hubiese visto. Pero estaba aparentemente bien. Sus ojos miraban adelante sin ver nada hasta que se encogió plantando una rodilla al suelo. - ¿ Que haces ? Vamonos ! - Insistí mientras lo intentaba levantar sirviéndome solo de mi pierna buena. Lo único que obtuve como respuesta fue un - ... Déjame, seguid sin mí-. En aquel momento lo entendí. El destino lo había llamado. Podía haberme pasado horas discutiéndole y no hubiese cambiado su determinación. Akodo llegó segundos después. Dudó unos instantes y en cuando vio las intenciones del grulla una macabra sonrisa se esbozó en su cara - Siii ... Hoy puede ser un bonito día para morir -. Cargando como pude con la shugenja me la llevé. Por unos segundos giré la vista para admirar esos bushis. - Eso el Yu - Me dije a mi misma, sumergida en una extraña mezcla de admiración y vergüenza hacia mi persona.
Ya desde la distancia, pude darme la vuelta. Akodo Naizen. Kakita Kakashi. Dos auténticos samurais haciendo frente sin vacilar, a una de las horribles creaciones de Iuchiban. ¿ Que importaban en aquel momento el desmesurado gusto del grulla por el sake o la rudeza del león ? ¿ Que importaban las palabras en aquellas situaciones ? Cuantos años perdidos subestimando los bushis ...
El combate fue rápido, pero no por ello menos intenso. Kakita Kakashi como mano ejecutora, Akodo Naizen como mano protectora. Ambos en perfecta sincronía acabaron con ese monstruo usando un solo y único destello de acero.

Ahora ya no había razón para correr.

- Día 2, mes del dragón, Año 1165 -

Salimos al exterior con la luz del amanecer de un nuevo día. Las nubes se habían disipado y pudimos ver el sol. Por desgracia la shugenja Kuni era un cuerpo inerte cuando llegamos al exterior. La deje al suelo y cerré sus ojos mientras dedicaba mentalmente algunas oraciones en su bendición.

Durante el día, junto con los campesinos de la aldea, convertimos el templo en una enorme pira funeraria para honrar la Kuni y los demás heinins que habían hallado su fin en ese lugar. El humo se alzó hasta lo mas alto del cielo acompañado de nuestros rezos.
Con la ayuda de uno de los heinins puede prestar un poco de atención a mi pierna. La herida no era tan grave como creía. Pero difícilmente algún hombre podrá encontrar atractiva a una mujer con una cicatriz cubriendo medio muslo. Eso es lo que me faltaba. Como si no fuera ya de por su suficientemente difícil competir contra las cortesanas de bellos cuerpos de porcelana del clan grulla.

Por la noche intenté descansar. Pero el brebaje para apaciguar el dolor hacia rato que se había consumido. Me pasé horas recordando una y otra vez lo ocurrido ... jamás podré olvidar la determinación de la valiente Kuni, ni la decisión en los ojos de Kakita Kakashi o el orgullo que irradiaba Akodo Naizen. Sin embargo yo, sucumbí bajo la presión. Que impropio de una samurai.

Lloré en silencio. Lloré por mi, por mi debilidad. Llore por mis padres y lloré por defraudar a mi clan. Lloré hasta que agotada y puder seguir lamentándome en mis sueños por haber llorado.

Que impropio de una samurai.

- Día 3, mes del dragón, Año 1165 -

El resto del Paso Seikitsu transcurrió sin problemas y con un ya inusual buen tiempo. La herida de mi pierna senaba lentamente y me impedia andar. Ansiaba llegar donde me pudieran tratar debidamente.
A parte de eso, no hablamos mucho. Con lo que el sonido de los cascos de los caballos, se convirtió en el única charla que nos acompaño durante las últimas jornadas.

Al final atardecer del dia pudimos divisar con claridad la Pokau. Estabamos ya en tierras escorpión. Respiré amplia y profundamente, como si hubiese estado aguardando la respiración durante meses. Esperando percivir ese aroma que solo yo podia percivir. Olor a hogar. A decir verdad no me sentia bien recivida por mi tierra, pero en comparación con el resto de Rokugan, preferia cien veces estar aqui a cualquier otro sitio. Al menos aquí no tenia que aguantar el peso de miradas suspicaces y mentes limitadas que comodamente culpan de cualquier cosa a quien vista el món del escorpión en sus quimonos.

- Día ?, mes del dragón, Año 1165 -

Al partir de Toshi Ranbo me prometí suprimir los baños pomposos de cortesana. Pero hoy necesitaba tratarme con tacto y me permití el lujo. Con cuidado y preocupación por no estropear el vendaje que me aplicaron el dia anterior, deje reposar mi agotado cuerpo en el agua hasta que se enfiara. Mientras tanto, mi mente divagó esbozando los planes del dia.

Primero tendria que conseguir ropa nueva y mas apropiada por la nueva etapa del viaje. Después seria el momento de escribir y mandar algunas cartas. Finalmente, si me quedaba tiempo suficiente antes de partir hacia Ryoko Owari Toshi, me gustaria visitar algunas personas.

[...]

Y asi es como he llegado aqui mi Sensei. Y esto es todo lo ocurrido desde que partí hace algunos meses hasta este mismo instante.

(... continuará en la siguiente sesión ...)