Campaña de samurais (#18ª parte)
Llegados a este punto, la campaña entra en una nueva etapa. Durante las siguiente sesiones, lo personaje se separan y continuamos vía correo electrónico. Así pues, es muy posible que cuente detalles en estas entradas que los demás jugadores no deben saber. Supongo que no es atrevido pensar que serán capaces de discernir entre lo que saben como jugadores y como personajes. ¿ Verdad ?
- Día ?¿?, mes del dragón, Año 1165 -
Cuando llegamos a Ryoko Owari, el kobune empieza a maniobrar debido el denso trafico del Río del Oro. En ese momento, solo Akodo Naizen y yo permanecemos parados contemplando todo a nuestro alrededor. Giro la cabeza para mirarle directamente ... sus ya ojos están fijos en Toshi Sano Kanemochi Kaeru.
Fue tras reponernos de la batalla de Kyuden Hiruma, que regresamos otra vez a la seguridad de la muralla Kayu. Todo ello para viajar sin demora a Kyuden Hida. Allí nos esperaban Kuni Tansho, Hida Koun, Omen y algunas otras personalidades que aun no pude reconocer. Aguardaban nuestro informe con ansia, escucharon con preocupación y se lamentaron con sinceridad del final de Masagaro. Tras nuestra exposición y una breve deliberación, nos liberaron de nuestra obligación. Un peso que cargábamos desde meses atrás, en el Castillo de las Tres Torres, hasta aquí.
Después de esto, cuando los tres estábamos ya en la calle, nos miramos un poco desorientados ante esta inesperada libertad de acción. Sin mediar palabra, volvimos a nuestros aposentos, cada uno con sus pensamientos sumidos ya en sus propios asuntos personales.
El viento levanta diminutas gotas de fría agua hacia mi rostro y mente vuelve por un instante a La Ciudad de las Historias. Aun con la mirada aun clavada en el perfil de Naizen, veo pasar la Isla de la Lágrima por detrás suyo. Posiblemente de ahí proviene ese embiragador aroma a incienso y opio. Descubro repentinamente la cicatriz que cubre parcialmente el rostro de Naizen. Me habia acostumbrado a ella hasta que casi ya la había olvidado. Sin darnos cuenta ... hemos pasado muchos días juntos ... días que ya llegan a su fin.
En Kyuden Hida nos despedimos primero de Kakita Kakashi. Antes de que esto ocurriese, quise invitarles a una cena amistosa. Quería poder guardar en mi memoria algún recuerdo suyo en el que no se incluyeran escenas de odio, miedo y maho-tukais. Supuse que seria la última ocasión que tendríamos para charlar, pero desafortunadamente, lo que esperaba que pudiera convertirse en una hermosa noche y el inicio de una amistad, se acabó convirtiendo en una cena un tanto mas formal de lo que deseaba. Sin ápice de malicia quise indagar en sus vidas privadas. Conocer un poco mas esos dos samurais por los que había empezado a sentir un aprecio mas allá del simple compañerismo. Pero mi kimono de rojo y negro, el mon de mi clan ... solo recibí respuestas evasivas.
Los gritos imperativos del capitán de la embarcación me sacan nuevamente de mis ensoñaciones. Los marineros se apresuran a cumplir las ordenes para amarrar el kobune y colocan un tablón de madera por el que podemos bajar. Una vez con los pies en tierra firme, mi mirada se pasea caprichosa por alrededor. Mi olfato se recrea con la mezcla de olores y sobre la piel percibo la brisa húmeda que viene del río. Me siento como en casa. Estoy en casa.
Alguien intenta llamar mi atención en la distancia. No tardo en reconocer a Soshuro Tsuyoshi. Tras disculpar mi ausencia unos instantes me encamino a él. Me recibe con una educación y elegancia que no me sorprenden esta vez. Pero tras apartar toda la charlataneria "cortesana", se limita a acordar un encuentro para la próxima semana en una de las mas prestigiosas casas de geishas de Ryoko Owari. No hay motivo para rehusar su invitación y nos despedimos hasta la semana que viene.
A mi vuelta, Akodo Naizen me esta esperando. Solo quiere algunas ligeras indicaciones para llegar donde debe haber quedado con alguien para proseguir su viaje, y sin mas retrasos, nos despedimos educadamente. - Si pudieras quedarte unos días ... - pienso en voz baja - ... vas a dejar atrás la mas hermosa ciudad de Rokugan sin ni siquiera pararte un instante -. De golpe me rio de mi misma al recordar que el concepto de belleza del bushi león y el mio, seguro que distan bastante.
- Día ?¿?+7, mes del dragón, Año 1165 -
Esta última semana ha sido un auténtico caos. Contando una y otra vez la misma historia, tanto escrita como narrada. Asistiendo a reuniones, cenas y ceremonias en las que se me eleva injustamente a una categoría que no merezco. Un poco apabullada me escapo por la noches. Sacrificando horas de merecido sueño para poder pasear por mi ciudad. Como cualquier transeúnte mas, me mezclo entre las multitudes que llenan las calles. Dejando que mis pies anden de forma instintiva, mi cabeza juega en descubrir los ligeros cambios que ha sufrido la ciudad desde la última vez que puede dedicarme a pasear por el placer de pasear.
Sin embargo hoy no es una de estas ocasiones. Shoshuro Tsuyoshi me espera y ya llego un poco tarde.
Cuando entramos en La Estrella de la Madrugada, mis ojos se abren atónitos por la mayor arrolladora muestra de belleza. No es la primera vez que entro aquí, una de las mas prestigiosas casas de geishas de todo Rokughan, pero aun así resulta aturdidor. Todo esta cuidado hasta el mas mínimo detalle para resaltar su belleza. Desde las hojas de los arboles, parecen haber sido meticulosamente colocadas una a una para que en su conjunto, se mezan con el viento en la mas bella danza. Hasta los diferentes inciensos se mezclan para que a cada paso descubras nuevas olores, sin llegar a resultar ofensivo. Todo esta tratado con suma delicadeza. Haberme vestido con mi mejor kimono y traer conmigo el exquisito abanico que me regaló días atrás Shoshuro Maru ha sido una buena elección.
La cena resulta exquisita en todos los aspectos imaginables, tal y como cabría esperar. Tsuyoshi es un acompañante ... correcto. En todo momento su comportamiento distinguido, educado y meticulosamente cuidado se mantiene acorde con la elegancia del lugar. Un buen rato de charla vacía hablando de cosas sin menor importancia y el mejor sake es lo único que queda al final en nuestra habitación privada. De repente, el tono de voz del escorpión cambia sutilmente. Sabia que esto pasaría, pero dejé pasar la noche con la absurda esperanza de que no fuera así.
El Gozoku.
Supe de que hablaba desde hacia rato, pero no fue hasta que mencionó ese nombre que no noté realmente como mi sangre se helaba. Cuando la Tsuyoshi repite su ofrecimiento para que entre en el Gozoku, mi memoria recupera la visión de los maho-tsukais del paso Baiden. Soshuro me intenta asombrar con promesas de esperanza y tiempos mejores, cualquiera que lo escuchara en ese instante pensaría que esta frente el mas honrado samurai, quien solo busca lo mejor para Rokughan.
El Gozoku.
Bayushi Tai me advirtió en su día de que esto pasaría, me advirtió y me dijo simplemente "Acepta". Asi es como esbozando una de mis mejores sonrisas mientras apoyándome en sus utópicas promesas y sus aparentes buenas intenciones, acepto su invitación. Su rostro se relaja mostrando una tensión que no había percibido hasta entonces. Ambos bebemos nuevamente un poco de sake.
El Gozoku.
- Día ?¿?+8, mes del dragón, Año 1165 -
No he podido dormir en toda la noche. Mis en mis oídos resuena una y otra vez esa palabra que no me atrevo a pronunciar ni siquiera en voz baja.
(... continuación sesión y entrada anterior ...)
- Día ?¿?, mes del dragón, Año 1165 -
Cuando llegamos a Ryoko Owari, el kobune empieza a maniobrar debido el denso trafico del Río del Oro. En ese momento, solo Akodo Naizen y yo permanecemos parados contemplando todo a nuestro alrededor. Giro la cabeza para mirarle directamente ... sus ya ojos están fijos en Toshi Sano Kanemochi Kaeru.
Fue tras reponernos de la batalla de Kyuden Hiruma, que regresamos otra vez a la seguridad de la muralla Kayu. Todo ello para viajar sin demora a Kyuden Hida. Allí nos esperaban Kuni Tansho, Hida Koun, Omen y algunas otras personalidades que aun no pude reconocer. Aguardaban nuestro informe con ansia, escucharon con preocupación y se lamentaron con sinceridad del final de Masagaro. Tras nuestra exposición y una breve deliberación, nos liberaron de nuestra obligación. Un peso que cargábamos desde meses atrás, en el Castillo de las Tres Torres, hasta aquí.
Después de esto, cuando los tres estábamos ya en la calle, nos miramos un poco desorientados ante esta inesperada libertad de acción. Sin mediar palabra, volvimos a nuestros aposentos, cada uno con sus pensamientos sumidos ya en sus propios asuntos personales.
El viento levanta diminutas gotas de fría agua hacia mi rostro y mente vuelve por un instante a La Ciudad de las Historias. Aun con la mirada aun clavada en el perfil de Naizen, veo pasar la Isla de la Lágrima por detrás suyo. Posiblemente de ahí proviene ese embiragador aroma a incienso y opio. Descubro repentinamente la cicatriz que cubre parcialmente el rostro de Naizen. Me habia acostumbrado a ella hasta que casi ya la había olvidado. Sin darnos cuenta ... hemos pasado muchos días juntos ... días que ya llegan a su fin.
En Kyuden Hida nos despedimos primero de Kakita Kakashi. Antes de que esto ocurriese, quise invitarles a una cena amistosa. Quería poder guardar en mi memoria algún recuerdo suyo en el que no se incluyeran escenas de odio, miedo y maho-tukais. Supuse que seria la última ocasión que tendríamos para charlar, pero desafortunadamente, lo que esperaba que pudiera convertirse en una hermosa noche y el inicio de una amistad, se acabó convirtiendo en una cena un tanto mas formal de lo que deseaba. Sin ápice de malicia quise indagar en sus vidas privadas. Conocer un poco mas esos dos samurais por los que había empezado a sentir un aprecio mas allá del simple compañerismo. Pero mi kimono de rojo y negro, el mon de mi clan ... solo recibí respuestas evasivas.
Los gritos imperativos del capitán de la embarcación me sacan nuevamente de mis ensoñaciones. Los marineros se apresuran a cumplir las ordenes para amarrar el kobune y colocan un tablón de madera por el que podemos bajar. Una vez con los pies en tierra firme, mi mirada se pasea caprichosa por alrededor. Mi olfato se recrea con la mezcla de olores y sobre la piel percibo la brisa húmeda que viene del río. Me siento como en casa. Estoy en casa.
Alguien intenta llamar mi atención en la distancia. No tardo en reconocer a Soshuro Tsuyoshi. Tras disculpar mi ausencia unos instantes me encamino a él. Me recibe con una educación y elegancia que no me sorprenden esta vez. Pero tras apartar toda la charlataneria "cortesana", se limita a acordar un encuentro para la próxima semana en una de las mas prestigiosas casas de geishas de Ryoko Owari. No hay motivo para rehusar su invitación y nos despedimos hasta la semana que viene.
A mi vuelta, Akodo Naizen me esta esperando. Solo quiere algunas ligeras indicaciones para llegar donde debe haber quedado con alguien para proseguir su viaje, y sin mas retrasos, nos despedimos educadamente. - Si pudieras quedarte unos días ... - pienso en voz baja - ... vas a dejar atrás la mas hermosa ciudad de Rokugan sin ni siquiera pararte un instante -. De golpe me rio de mi misma al recordar que el concepto de belleza del bushi león y el mio, seguro que distan bastante.
- Día ?¿?+7, mes del dragón, Año 1165 -
Esta última semana ha sido un auténtico caos. Contando una y otra vez la misma historia, tanto escrita como narrada. Asistiendo a reuniones, cenas y ceremonias en las que se me eleva injustamente a una categoría que no merezco. Un poco apabullada me escapo por la noches. Sacrificando horas de merecido sueño para poder pasear por mi ciudad. Como cualquier transeúnte mas, me mezclo entre las multitudes que llenan las calles. Dejando que mis pies anden de forma instintiva, mi cabeza juega en descubrir los ligeros cambios que ha sufrido la ciudad desde la última vez que puede dedicarme a pasear por el placer de pasear.
Sin embargo hoy no es una de estas ocasiones. Shoshuro Tsuyoshi me espera y ya llego un poco tarde.
Cuando entramos en La Estrella de la Madrugada, mis ojos se abren atónitos por la mayor arrolladora muestra de belleza. No es la primera vez que entro aquí, una de las mas prestigiosas casas de geishas de todo Rokughan, pero aun así resulta aturdidor. Todo esta cuidado hasta el mas mínimo detalle para resaltar su belleza. Desde las hojas de los arboles, parecen haber sido meticulosamente colocadas una a una para que en su conjunto, se mezan con el viento en la mas bella danza. Hasta los diferentes inciensos se mezclan para que a cada paso descubras nuevas olores, sin llegar a resultar ofensivo. Todo esta tratado con suma delicadeza. Haberme vestido con mi mejor kimono y traer conmigo el exquisito abanico que me regaló días atrás Shoshuro Maru ha sido una buena elección.
La cena resulta exquisita en todos los aspectos imaginables, tal y como cabría esperar. Tsuyoshi es un acompañante ... correcto. En todo momento su comportamiento distinguido, educado y meticulosamente cuidado se mantiene acorde con la elegancia del lugar. Un buen rato de charla vacía hablando de cosas sin menor importancia y el mejor sake es lo único que queda al final en nuestra habitación privada. De repente, el tono de voz del escorpión cambia sutilmente. Sabia que esto pasaría, pero dejé pasar la noche con la absurda esperanza de que no fuera así.
El Gozoku.
Supe de que hablaba desde hacia rato, pero no fue hasta que mencionó ese nombre que no noté realmente como mi sangre se helaba. Cuando la Tsuyoshi repite su ofrecimiento para que entre en el Gozoku, mi memoria recupera la visión de los maho-tsukais del paso Baiden. Soshuro me intenta asombrar con promesas de esperanza y tiempos mejores, cualquiera que lo escuchara en ese instante pensaría que esta frente el mas honrado samurai, quien solo busca lo mejor para Rokughan.
El Gozoku.
Bayushi Tai me advirtió en su día de que esto pasaría, me advirtió y me dijo simplemente "Acepta". Asi es como esbozando una de mis mejores sonrisas mientras apoyándome en sus utópicas promesas y sus aparentes buenas intenciones, acepto su invitación. Su rostro se relaja mostrando una tensión que no había percibido hasta entonces. Ambos bebemos nuevamente un poco de sake.
El Gozoku.
- Día ?¿?+8, mes del dragón, Año 1165 -
No he podido dormir en toda la noche. Mis en mis oídos resuena una y otra vez esa palabra que no me atrevo a pronunciar ni siquiera en voz baja.
(... continuará en siguientes entradas ...)

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