Campaña de samurais (#12ª parte)
Esta vez hemos tardado bastante en reanudr la campaña. Pero finalmente hoy ha habido nueva sesión.
- Día 25, mes del liebre, Año 1165 -
Viajar por el río es indudablemente la forma mas rápida que existe hoy en día. Hace apenas tres días que partimos dejando atrás Toshi Ranbo y oteando el el horizonte ya podemos ver la disputada ciudad de Toshi sano Kanemochi Kaeru, la ciudad de la Rana Rica. Mientras nos vamos acercando, vamos subiendo a cubierta sumidos en un inusual silencio, observando su lento emerger. Ya desde aquí se distingue parte del ejercito León, quienes parece que ya se preparan para las venideras batallas. De reojo, puedo atisbar Akodo Naizen. Parece que se encuentra junto los demás soldados. Obviamente no su cuerpo, pero si su mente. Cuando le pregunto que están haciendo, responde toscamente "Se preparan para la guerra". Como si por un instante le hubiese molestado que le recordase donde debia estar y donde quería estar.
Con la vista fija en todos esos soldados, no puedo evitar recordar el Castillo de las Tres torres, ni dejar de sentirme culpable por el fracaso del último intento diplomático.
Me obligo a darme la vuelta dejar de pensar en ello mientras continuo practicando la posición de defensa acompasando mis pies al balanceo de la barca.
- Día 28, mes del liebre, Año 1165 -
Ya estamos llegando al Espinazo del Diablo, destino de nuestra primera parte del viaje. En solo 6 días hemos cubierto lo que nos hubiera costado 2 semanas viajando por tierra. Cuando mis pies reposan en suelo firme, me doy cuenta que me resulta un poco difícil mantener el equilibrio. No lo había notado hasta este momento, pero quizá estoy un poco mareada.
En este punto me percato de que el viaje ya resta meticulosamente preparado. Nos queda un ultimo tramo a cubrir por tierra antes de llegar al Paso Seikitsu. Para ello ya tenemos 4 caballos esperándonos. Concentrados cada uno en nuestra labor, cargamos el equipaje y partimos al galope sin dedicar despedida alguna a los marineros que nos han acompañado esta última semana.
Al llegar a mitad de camino, los caballos están jadeando por el esfuerzo realizado. No hemos aflojado la marcha ni un instante y mis piernas dolidas acusan la falta de práctica encima la montura. Seria un buen momento para descansar, pero solo nos hemos detenido un instante para cambiar los caballos y seguir con nuestro frenético viaje. Disimuladamente me froto las nalgas, preguntándome para mis adentros si podrán aguantar algunas horas mas. No importa la respuesta cuando veo los demás que me observan impacientemente subidos en sus frescas monturas. Aprieto los dientes mientras intento acomodarme de nuevo en la silla y tras un golpe seco de las riendas el caballo sale disparado al galope.
Por la noche llegamos la última aldea en donde descansaremos, para adentrarnos mañana por la mañana en el Paso Beiden. Hemos llegado bien de tiempo pero los riñones y el culo me duelen como si me hubieran dado patadas durante toda la vida. El Akodo y el Kakita tambien acusan la jornada a caballo aunque sin duda alguna no tanto como yo. Por contra, la Kuni se mueve fresca como si para ello eso hubiese sido un relajante paseo.
Mientras ultimamos los preparativos para mañana, me doy cuenta de donde estamos. Durante la jornada estaba tan concentrada en intentando inútilmente acompasarme con el caballo que ni me había ni dado cuenta que ya estamos en medio de las montañas cubiertas la de nieve blanca. Y el aire esta tan frío que al respirar liberamos pequeñas bocanadas de vaho. Se me hace extraño pensar que estamos entrando en el verano viendo este paisaje.
- Día 29, mes del liebre, Año 1165 -
Por la mañana no se que me ha despertado realmente, si el dolor persistente en los muslos o el frío en los pies. Sea lo que sea me he levantado en contra lo que me pedía el cuerpo, quien también se ha quejado tras asearme con agua tan fría que aun me pregunto como se mantenía en estado liquido.
Una vez fuera no tardamos en estar todos listos y iniciamos la marcha. Los 4 samurais y un campesino que nos guiará por el paso.
A lo largo de las horas, el paisaje de hace tan monótono que acabo perdiendo la noción del tiempo. No se cuanto hace que nos movemos montados en nuestros caballos, en fila y atados en una cuerda para evitar extraviarnos. Cuando levanto un poco la cabeza para otear las montañas, solo puedo ver el blanco cegador de la nieve, tan cuidadosamente depositada que hace invisibles todos los relieves. El cielo sigue cubierto por infinitas nuberrones grisáceos que no auguran nada bueno. Bajo de nuevo la cabeza y sigo pensando en nada a la vez que veo por el rabillo del ojo los primeros copos de nieve caer sigilosamente..
?!¿?!. Creo que todo ha sido tan repentino que no sabría decir cuando me he dado cuenta. Solo sé que algo me saco bruscamente de mi somnolencia cuando a mis oídos llegó un lejano rugido incesante. Lo sabia que era antes de girarme, pero mi ojos ya miraban en esa dirección para confirmar que una alud se nos venia encima. Nuestro guía lanzo un fuerte grito de alerta y todos atizamos al unisono nuestras monturas para salirnos del camino de la avalancha. No recuerdo que pasó exactamente, se que mis entumecidas piernas y la montura respondieron adecuadamente. Ya estaba prácticamente fuera de peligro cuando bruscamente mi caballo fue arrastrado por la cuerda que le ataba al caballo de la Kuni. Salté por los aires y me parece que no llegué a tocar el suelo cuando el muro de nieve me engulló.
...
¡¡ AIRE !! ... Abrí la boca para llenarme los pulmones de ese preciado aire que la nieve me estaba privando. Tardé unos segundos en darme cuenta que era la Kuni quien me estaba desenterrando. Me pareció justo teniendo en cuenta que había sido ella quien me había arrastrado. Para cuando me había recuperado puede evaluar la situación. Solo habíamos perdido 2 caballos y la mula del guía. No era un mal resultado en cuando comprove a mi alrededor la devastadora destrucción producida por la alud. Gracias a las fortunas, mi caballo fue uno de los que salió solo un poco asustado y magullado. Con él seguían mis pertenencias en una sorprendente integridad.
El resto del camino parec una marcha fúnebre. Los 2 caballos cargan ahora con todo el equipo que hemos podido salvar. Los demás caminamos a pie, hasta que llegamos al refugio donde queríamos pasar la noche. Digo "queríamos" porque del refugio solo quedaban troncos esparcidos a mas de 400 pasos. Al parecer hubo mas aludes a parte de la nuestra. Poco despues hallamos una pequeña cueva a no mucha distancia donde logramos cobijarnos para pasar la noche.
(... continuación la entrada anterior ...)
- Día 25, mes del liebre, Año 1165 -
Viajar por el río es indudablemente la forma mas rápida que existe hoy en día. Hace apenas tres días que partimos dejando atrás Toshi Ranbo y oteando el el horizonte ya podemos ver la disputada ciudad de Toshi sano Kanemochi Kaeru, la ciudad de la Rana Rica. Mientras nos vamos acercando, vamos subiendo a cubierta sumidos en un inusual silencio, observando su lento emerger. Ya desde aquí se distingue parte del ejercito León, quienes parece que ya se preparan para las venideras batallas. De reojo, puedo atisbar Akodo Naizen. Parece que se encuentra junto los demás soldados. Obviamente no su cuerpo, pero si su mente. Cuando le pregunto que están haciendo, responde toscamente "Se preparan para la guerra". Como si por un instante le hubiese molestado que le recordase donde debia estar y donde quería estar.
Con la vista fija en todos esos soldados, no puedo evitar recordar el Castillo de las Tres torres, ni dejar de sentirme culpable por el fracaso del último intento diplomático.
Me obligo a darme la vuelta dejar de pensar en ello mientras continuo practicando la posición de defensa acompasando mis pies al balanceo de la barca.
- Día 28, mes del liebre, Año 1165 -
Ya estamos llegando al Espinazo del Diablo, destino de nuestra primera parte del viaje. En solo 6 días hemos cubierto lo que nos hubiera costado 2 semanas viajando por tierra. Cuando mis pies reposan en suelo firme, me doy cuenta que me resulta un poco difícil mantener el equilibrio. No lo había notado hasta este momento, pero quizá estoy un poco mareada.
En este punto me percato de que el viaje ya resta meticulosamente preparado. Nos queda un ultimo tramo a cubrir por tierra antes de llegar al Paso Seikitsu. Para ello ya tenemos 4 caballos esperándonos. Concentrados cada uno en nuestra labor, cargamos el equipaje y partimos al galope sin dedicar despedida alguna a los marineros que nos han acompañado esta última semana.
Al llegar a mitad de camino, los caballos están jadeando por el esfuerzo realizado. No hemos aflojado la marcha ni un instante y mis piernas dolidas acusan la falta de práctica encima la montura. Seria un buen momento para descansar, pero solo nos hemos detenido un instante para cambiar los caballos y seguir con nuestro frenético viaje. Disimuladamente me froto las nalgas, preguntándome para mis adentros si podrán aguantar algunas horas mas. No importa la respuesta cuando veo los demás que me observan impacientemente subidos en sus frescas monturas. Aprieto los dientes mientras intento acomodarme de nuevo en la silla y tras un golpe seco de las riendas el caballo sale disparado al galope.
Por la noche llegamos la última aldea en donde descansaremos, para adentrarnos mañana por la mañana en el Paso Beiden. Hemos llegado bien de tiempo pero los riñones y el culo me duelen como si me hubieran dado patadas durante toda la vida. El Akodo y el Kakita tambien acusan la jornada a caballo aunque sin duda alguna no tanto como yo. Por contra, la Kuni se mueve fresca como si para ello eso hubiese sido un relajante paseo.
Mientras ultimamos los preparativos para mañana, me doy cuenta de donde estamos. Durante la jornada estaba tan concentrada en intentando inútilmente acompasarme con el caballo que ni me había ni dado cuenta que ya estamos en medio de las montañas cubiertas la de nieve blanca. Y el aire esta tan frío que al respirar liberamos pequeñas bocanadas de vaho. Se me hace extraño pensar que estamos entrando en el verano viendo este paisaje.
- Día 29, mes del liebre, Año 1165 -
Por la mañana no se que me ha despertado realmente, si el dolor persistente en los muslos o el frío en los pies. Sea lo que sea me he levantado en contra lo que me pedía el cuerpo, quien también se ha quejado tras asearme con agua tan fría que aun me pregunto como se mantenía en estado liquido.
Una vez fuera no tardamos en estar todos listos y iniciamos la marcha. Los 4 samurais y un campesino que nos guiará por el paso.
A lo largo de las horas, el paisaje de hace tan monótono que acabo perdiendo la noción del tiempo. No se cuanto hace que nos movemos montados en nuestros caballos, en fila y atados en una cuerda para evitar extraviarnos. Cuando levanto un poco la cabeza para otear las montañas, solo puedo ver el blanco cegador de la nieve, tan cuidadosamente depositada que hace invisibles todos los relieves. El cielo sigue cubierto por infinitas nuberrones grisáceos que no auguran nada bueno. Bajo de nuevo la cabeza y sigo pensando en nada a la vez que veo por el rabillo del ojo los primeros copos de nieve caer sigilosamente..
?!¿?!. Creo que todo ha sido tan repentino que no sabría decir cuando me he dado cuenta. Solo sé que algo me saco bruscamente de mi somnolencia cuando a mis oídos llegó un lejano rugido incesante. Lo sabia que era antes de girarme, pero mi ojos ya miraban en esa dirección para confirmar que una alud se nos venia encima. Nuestro guía lanzo un fuerte grito de alerta y todos atizamos al unisono nuestras monturas para salirnos del camino de la avalancha. No recuerdo que pasó exactamente, se que mis entumecidas piernas y la montura respondieron adecuadamente. Ya estaba prácticamente fuera de peligro cuando bruscamente mi caballo fue arrastrado por la cuerda que le ataba al caballo de la Kuni. Salté por los aires y me parece que no llegué a tocar el suelo cuando el muro de nieve me engulló.
...
¡¡ AIRE !! ... Abrí la boca para llenarme los pulmones de ese preciado aire que la nieve me estaba privando. Tardé unos segundos en darme cuenta que era la Kuni quien me estaba desenterrando. Me pareció justo teniendo en cuenta que había sido ella quien me había arrastrado. Para cuando me había recuperado puede evaluar la situación. Solo habíamos perdido 2 caballos y la mula del guía. No era un mal resultado en cuando comprove a mi alrededor la devastadora destrucción producida por la alud. Gracias a las fortunas, mi caballo fue uno de los que salió solo un poco asustado y magullado. Con él seguían mis pertenencias en una sorprendente integridad.
El resto del camino parec una marcha fúnebre. Los 2 caballos cargan ahora con todo el equipo que hemos podido salvar. Los demás caminamos a pie, hasta que llegamos al refugio donde queríamos pasar la noche. Digo "queríamos" porque del refugio solo quedaban troncos esparcidos a mas de 400 pasos. Al parecer hubo mas aludes a parte de la nuestra. Poco despues hallamos una pequeña cueva a no mucha distancia donde logramos cobijarnos para pasar la noche.
(... falta corregir y todo eso ...)

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