Potatolandia

domingo, diciembre 17, 2006

Campaña de samurais (7ª parte)

Adelantandome una entrada, posteo la sesion de hoy. Lo hago así. Para evitar olvidar lo ocurrido y sea mas preciso con la narración

(... continuación otra entrada y sesión anterior ...)


- Día ??, mes del tigre, Año 1165 -

Llegamos por la noche al castillo de los Matus. Bajo las luces de las antorchas, resulta abrumador por su ferocidad. No hace falta estar muy versada en el arte de la guerra para percibir que en este lugar prima la eficacia en defensa a la belleza visual. Incluso, el olor en el aire, se percibe diferente. Se puede notar los rastros de olor a piel sudada y acero caliente por los combates de adiestramiento. Estar aqui ... recordando mi ultimo encuentro desagradable con esa Matsu, no me tranquiliza ni agrada. Curiosamente, parece que mi acompañante Akodo tampoco se alegra de nuestra situacion. Salta a la vista que sus relaciones con los Matsus no son cordiales. Debería indagar un poco mas en ello.
Matsu XXXXXX, nos recibe casi a la misma entrada del castillo. Con el protocolo justo y sin esperar ni a que nos asentemos después de nuestra llegada. Con una diplomacia que ralla lo "estrictamente necesario", nos abasalla con preguntas que se asemejan mas a un interrogatorio que a una charla cortesa. Dirigiendose diractamente a Akodo Naizen, pregunta por nuestra razón de estar allí. Lo mas curioso aun, parece molesta de que un miembro de su clan se mezcle con otra gente. Podo después, llega mi turno. Esas Matsu de aspecto masculino clava sus negros ojos a los míos. De forma tan educada como delicada es su presencia, pregunta por si mi voy a perjudicar a su clan. Que forma tan inapropiada de preguntar.
Una vez dentro de la fortaleza, mientras nos preparan los papeles de viaje. Vimos un samurai unicornio con quien habíamos coincidido en el castillo de las tres torres. Al parecer, recelosos como siempre son, los Leones lo capturaron y se lo han sacado de encima mandándolo a la ciudad imperial. Coincidiendo con nuestro camino, nos acompañará. Junto una Matsu que se encargará de que su "prisionero" no se pierda por el camino.

Tras pasar la noche en el castillo, mi sirviente me advierte de nuevos cambios en los objetivos de mi clan. No va a resultar nada fácil. Ademas, voy a tener que prescindir de su "compañía" durante el viaje hasta XXXXXXX. Espero poder recivirle con buenas noticias en nuestro próximo encuentro.

- Día ??, mes del tigre, Año 1165 -

Partimos por la mañana, tras el baño matinal. No comprendo como los bushis pueden vivir con esas sucias ropas. La comitiva ha crecido un poco respecto nuestra llegada. El unicornio es mitad samurai, mitad gaijin. A lomos de su en su monstruosa montura se mueve con excesiva despreocupación para andar por tierras hostiles a su clan. Parece preocuparse mas por intentar imaginar los generosos senos de la Matsu que mantener la apariencias educadas. No alcanzo averiguar si por bien o para mal, pero ese unicornio no es un samurai como los demás.

El paisaje es de lo mas aburrido. Son llanuras infestadas de campos de arroz hasta donde llega la vista. El Akodo nos cuenta con breves palabras, que aquí vienen los Leones para hacer practicas de batalla. A parte de eso, los demás continuan con su tónica silenciosa. Excepto el unicornio, que podría ser una muy agradable compañía de viaje si no fuese porque sus ojos están mas por desnudarme con la vista que por cualquier otra cosa.


- Día ??, mes del tigre, Año 1165 -

La única novedad que en el día de hoy, ha sido el avistamiento de un ejercito León en la linea del horizonte, haciendo sus practicas militares. Les he estado mirando bastante rato. Resultaba un espectáculo curioso, pero por desgracia no se podía ver nada a tanta distancia.

Por la noche, las palabras de mi sirviente se reflejan aun en mis ojos ... pensando en ello se hace tarde hasta que la noche nos cubre completamente con su estrellado manto. Quizá debería salir a dar un paseo y visitar los alrededores. Aprobechando que el resto se encuentran ya durmiendo, me visto para hacer frente al frío y me separo del grupo. No mucho después, un silbido irrumpe en el silencio de la noche. Al darme la vuelta, veo que el Unicornio y el Akodo están de pie, mirándome con miradas acusadoras. Esa mirada a la que ya estoy tan acostumbrada a ver sobre mi, que creo que ha dejado de importarme. Ambos samurais están tan llenos de paranoias que prefieren aguantar mi charla sobre el destino escrito en las estrellas a irse a dormir pese su evidente agotamiento. Es una lastima, hubiese preferido ir sola a dar la vuelta.

- Día ??, mes del tigre, Año 1165 -

El día de hoy es prácticamente como los anteriores. Campos de arroz y llanuras interminables. A media mañana llegamos a un pueblo conde un Ikoma esta reprochando a unos campesions que no han pagado sus impuestos. Una injusta escena, pues creo que los campesinos no mentían cuando decían que la cosecha no había sido buena y no podían dar mas. A pesar de todo, me abstengo de entrometerme en asuntos León. A saber como pueden reaccionar.

El Ikoma se une a nosotros, junto el carro de las recaudaciones y el campesino que ha sido arrestado por insubordinación y evasión de impuestos de arroz.

Por la tarde, dejamos atrás las llanuras, para entrar en una estrecha zona entre dos montañas. Cuando un corpulento ronin nos bloquea el camino y pide sin preámbulos que se le haga entrega de el arroz. Obviamente, el ronin no esta solo. Un buen puñado de harapientos ronins se muestran a nuestro alrededor, sin contar un jinete que galopa a buena distancia de nuestra posición. Tras un breve intercambio de brabacunadas bushi, el combate resultaba ya inevitable. Los kamis del viento ya dibujaban señales de advertencia en los inundados campos de arroz desde la mañana.

Como todos los combates, las cosas ocurrieron muy rápido. Demasiado raápido para mi. Akodo Naizen entabla un combate directo con el ronin del medio del camino. Quien resulta ser una gran masa de músculos y huesos recubiertos de una parcheada armadura de combate y un gran martillo de guerra que sujeta con ambas manos como si no pesara en absoluto. El Akodo se perfila como un mejor combatiente y con una apurada técnica en su abanico que le permite herir a su oponente pese estar prácticamente cubierto por las placas de su armadura. Por desgracia, su contrincante no desfallece en absoluto por sus rasguños.
Yo intento dar caza al jinete. Es un blanco móvil, a unos 50 metros. He paracticado con blancos similares en multitud de ocasiones. No es fácil, pero se que puedo darle. Casi con los ojos cerrados, busco una flecha y la coloco en la cuerda de mi arco. Escucho el viento. Percibo el galope de su caballo. Le veo preparando su arco. Suelto la flecha y antes de ni siquera abrir los ojos nuevamente, ya se que que mi proyectil no va a hallar su objetivo. Las situaciones de combate aun me ponen nerviosa y perturban esa paz interior que necesito para mostrar a la flecha su camino.
El samurai Kakita Kakashi, se desempeña nuevamente con gran eficacia en combate. Sus estudiados movimientos acaban tan rápido con los ronins que le intentan alcanzar, que a duras penas alcanzo a ver la hoja de su katana.
El unicornio también se entabla en combate contra un par de ronins. Quien desde su montura les intenta reducir son destarar mucho en ello.
Tras unos largos segundos de combate. El crujir de la armadura de Akodo Naizen rompe momentáneamente mi de concentración. El gigantesco ronin ha lanzado un feroz ataque contra el León, dejándolo magullado y tambaleándose por el aturdimiento. Quizá por eso mis flechas no daban con el jinete. Tenían otro blanco que abatir y no me había dado cuenta. Su armadura, pese estar en mal estado, es gruesa e infranqueable. Hice bien en abastecerme de algunas flechas de punta afilada. Prepara de nuevo mi arco y le susurro a la flecha que no falle esta vez. Respiro profundamente y noto el calor de su corazón y mi flecha también lo nota. Doy unos segundos al Akodo para devolverle el ataque. Si no logra derribarlo, no permitiré que Akodo Naizen caiga hoy. El golpe de Naizen es certero, pero su fuerza aun se resiente por las costillas rotas. No hay otra opción, suelto la flecha. El coloso cae.
En ese instante, el jinete ha aprovechado para seguir abatiendo a la comitiva samurai. El Ikoma recaudador de impuestos cae fulminado por un certero impacto. El unicornio no esta en mejor situación. Por unos instantes temo que la cosa pueda acabar mal para nosotros. Vuelvo a centrarme en ese jinete, se ha acercado. Ya me extrañaba tanta pericia desde 50 metros. Después de un primer intento fallido y de que el jinete derribara mi caballo. La desgarradora flecha lanzada por mi yumi impacta en su cadera. El grito de dolor confirma el acierto y rápidamente se retira del combate, Luchando por mantenerse sobre su montura.

Cuando el polvo aun no se ha acabado de depositar en el suelo, me lanzo hacia el Ikoma. La flecha del jinete le ha herido de muerte. No va a sobrevivir. Aun así, intento repetir los movimientos de he visto en situaciones anteriores para curar heridas de esta índole. Con grata sorpresa para mí, después de todo no había llegado aun la hora de ese Ikoma. La alegría de mi pequeña proeza no dura mucho. Akodo Naizen se dirije a mi amanezante con su mortífero abanico. Conteniendo visiblemente sus ganas de matarme, me insta en que como me vuelva a interponer en un combate suyo, dará rienda suelta a su ira. ... Esperaba que se lo tomase a mal, sin embargo me ha sorprendido su reacción. El pobre Akodo no sabe nada ... si se repite la situación, actuaré igual y no me opondré a que acabe conmigo si así lo desea. Por desgracia, siento un grave pesar. A menudo pensaba que los bushis Akodo eran los mas inteligentes, tácticos y eficientes en combate. Pero hoy me ha demostrado que la estupidez y el orgullo es una lacra que persigue a todos los bushis, sin excepción.

Con la ayuda del malherido unicornio, podemos poner de pie mi montura y hacerla llegar hasta la próxima ciudad. En donde me encargaré de que reciba los cuidados pertinentes y pueda volver a los grullas, que tan costosamente me lo prestaron.


(... continua en las siguientes entradas ...)